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Medicamentos para niños: por qué algunos son tan ricos y otros tan feos

A partir de esta pregunta surgen un sinfín de respuestas donde los médicos pediatras afirman que los niños de hoy no aceptan tomar las medicaciones por la falta de límites o de protección de los propios padres.

Existen medicamentos que tienen sabores ricos y otros sabores feos. ¿Por qué sucede esto?, fue la pregunta que le realizamos a pediatras y la respuesta fue temas de laboratorios y de inoperancia de los padres.
Lo primero que se debe tener en cuenta que los responsables de determinados laboratorios afirman que un jarabe no es un bien de consumo y el hecho de que sepa bien o mal no se puede utilizar como elemento de marketing. “Los medicamentos pasan estrictos controles, los componentes están muy regulados y diseñados estrictamente para curar. El principio activo es el que manda y la prioridad es que curen; lo demás es accesorio”, señalan.
Como esta afirmación es muy general, EL ECO continuó el tema con pediatras que trabajan en la Salud Pública y salud privada. Para ellos el problema radica en que los padres no le ponen los límites a los hijos en materia de educación y en los temas que tienen poder de decisión y entonces estos desde muy pequeña edad comienzan a decidir qué tomar o qué comer.

“Lo tiene que tomar y punto”

De acuerdo a lo manifestado a EL ECO por médicos pediatras, en el pasado los laboratorios consideraban que las medicaciones no debían tener un buen gusto para que el niño/a no se acostumbrara a tomar medicaciones sin que fuera necesario y que en su inconsciente supiera que tomaba el medicamento por necesidad. “El niño/a sabía que lo tenía que tomar y punto. Era por su bien y no había más discusiones”, dijo a EL ECO el pediatra consultado.

Pero la realidad ha cambiado

Por un lado los laboratorios ofrecen medicamentos como si fueran elementos de consumo. Spots publicitarios, propagandas, ofertas, son todas herramientas para que hoy consumamos de la industria laboratorista.
Pero ello va pautado o producido porque existe un mercado de consumo de medicamentos, ya sea para grandes o chicos. Y en estos últimos, si saben rico, muchísimo mejor.
De acuerdo a nuestras consultas, hoy los hijos desde temprana edad intentan decidir sobre su vida. Mediante berrinches, llantos, golpes, los hijos van torciendo la voluntad de los padres.
Parecería que en los hogares hay tiranos de baja estatura o simplemente hijos que mandan a los padres, “vienen a la consulta con un chico de tres, cuatro o cinco años y los padres dicen: ‘no me come’ o ‘no me quiere tomar el remedio’ y uno mira al niño y mide 60 centímetros de alto, y los padres jóvenes o adultos de 1.70 o 1.80 y no pueden hacerle tomar el remedio… increíble, es claro que ese niño ya puede irse a vivir solo”, señala el médico.
Ante esta realidad los laboratorios produjeron medicamentos con ricos sabores para que los niños los puedan ingerir sin mayor esfuerzo de los padres. Es una solución práctica pero que muestra otra realidad: el niño lo toma porque es rico pero no porque sea necesario “y así son los chicos que vamos educando”, dijo el pediatra.
Y agregó: “sabe qué sucede, que los padres no se quieren complicar la vida en la educación de los hijos, entonces les dan las medicaciones ricas y el celular para que se entretengan y no los molesten”.
Y en esas conductas facilistas, los médicos pediatras ven también una falta de compromiso y esfuerzo con la educación de sus hijos: “por supuesto no le vayamos a pedir a los padres que si el niño tiene fiebre o le duele la garganta no lo mande al cumpleaños o que en un rato libre le lea un libro. Hoy son pedidos que los padres no quieren cumplir”.

Pronto Cemento

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