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Impresionante documental de Netflix: “morir para contar” del periodista Hernan Zin (vea el trailer) Eventos Portada 

Impresionante documental de Netflix: “morir para contar” del periodista Hernan Zin (vea el trailer)

Los conflictos armados de Sierra Leona, Somalia, Bosnia, Ruanda, Irak, Afganistán, Libia, Siria, estarán en la pantalla de Netflix a través de un documental que elaboró el periodista Hernán Zin.

Morir para contar, el último documental del reportero italo argentino Hernán Zin se exhibió en salas y en prestigiosos festivales (recibió el premio DOC. España, entre otros) y se estrena este viernes 17 de mayo en más de 100 países mediante la plataforma de streaming Netflix.
Durante cuatro años juntó distintas voces y armó esta película que expone la realidad del trabajo periodístico en situaciones extremas: “Uno piensa que lo pueden matar, lo pueden secuestrar o lo pueden herir, pero no tiene en cuenta el precio psicológico que se paga”. Y que, a la vez, es una historia de los conflictos armados de los últimos 30 años: Sierra Leona, Somalia, Bosnia, Ruanda, Irak, Afganistán, Libia, Siria.
Morir para contar muestra a los periodistas Ángel Sastre, Manu Brabo, Roberto Fraile, Maysun, David Beriain, Fran Sevilla, Gervasio Sánchez, José Antonio Guardiola, Mónica Prieto, Javier Espinosa, Rosa Meneses, Ramón Lobo, Carlos Hernández, Carmen Sarmiento, Eric Frattini, Mónica Bernabé y Javier Bauluz. De sus relatos surge también elrecuerdo de periodistas que murieron cubriendo estos conflictos: Miguel Gil (Sierra Leona, 2000), Julio Fuentes (Afganistán, 2001) y José Couso (Irak, 2003), entre ellos.

Los inicios

“Comencé la filmación muy confundido. Después de haber investigado mucho, cuatro años más tarde, la productora Nerea Barros me señaló que, al igual que les había pedido a mis compañeros que abrieran el corazón (algo que es muy difícil para los reporteros de guerra), yo también tenía que ser generoso”, recordó Zin el modo en que, a la hora de darle forma final a la película (realizada por su productora, Contramedia, y Quexito Films, más el apoyo de RTVE), él también se convirtió en protagonista.
En algún momento del rodaje supo, además, que iba a dejar de ser periodista. Primero su mente había “creado anticuerpos”: observó que seguía sintiendo claustrofobia, “y estar en espacios pequeños es algo constante en una guerra”. Luego, en 2017, atravesó una depresión.

La mejor terapia

Así Morir para contar se convirtió —junto a su libro-contracara: una ficción humorística, Querida guerra mía, escrita ese año— en su despedida de la reportería. “Fue terapéutico”, evaluó. “Reflexionar sobre esto me ha ayudado más que cualquier terapia”.
Sin proponérselo conscientemente, Zin mostró “la parte humana del trabajo”, un oficio al que se le ha sobreimpreso un falso glamour. “Odio el cliché del reportero de guerra pura testosterona y adrenalina, yo nunca lo he sido”, explicó. “Fui a la guerra por las víctimas, por tratar de que las cosas cambien. Lo que se suele mostrar del corresponsal de guerra es un retrato muy injusto: este trabajo es más un compromiso ético, una vocación, un oficio muy mal pagado, con muy poco reconocimiento, y que hacemos porque lo amamos”.

La realidad en un mundo irreal

A diferencia del corresponsal mítico, el real inclusive duda sobre su desempeño. “A veces uno se pregunta si vale la pena seguir viviendo así”, contó Zin. “Más allá del compromiso ético, hay un momento en que uno dice que ya ha cumplido. Y también se duda sobre si se están haciendo las cosas bien o mal, porque se carga con la responsabilidad de ser los portavoces de gente que está en el último peldaño del mundo”.
“Ojalá -agregó- que Morir para contar sirva para mostrar a las personas que estamos detrás de las noticias, sobre todo en este momento de noticias falsas”. De relatos como, por ejemplo, lo que es ser secuestrado por al-Qaida, temer que a uno lo maten o lo vendan, porque eso le dicen sus captores, surge una observación para los tiempos de noticias falsas: a la manipulación de redes y de algunos medios Zin opone el costo real de la información, que son vidas traumatizadas y en ocasiones, perdidas.

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