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Cómo matar a una niña

No se necesitan balas, ni veneno para matar. Las personas que están muertas por dentro, aunque caminen dentro de un envoltorio de carne, bien lo saben. Se puede matar a una niña simplemente con cerrar los ojos a la realidad y a la reflexión y aceptar las manijas del entorno donde sobran comedidos.

Si por un momento pensamos en el caso de la pequeña “Noni” la hija de María y a su calvario le ponemos el rostro de alguna pequeña que tengamos cerca en nuestras familias se nos erizará la piel de sólo imaginar lo que se sufre.

Pero para llegar a este nivel de crueldad es necesario haber pasado por situaciones límites en el pasado. Nadie que haya crecido rodeado de afectos recibiendo cariño puede en su adultez radicalizarse al punto de hacer sufrir a una pequeña inocente.

“Noni” ya está muerta. Nunca podrá sobreponerse del impacto emocional que le provocará el distanciamiento de sus padres. Los divorcios hablan con frecuencia de los daños transferidos a los pequeños con tal de defender posturas radicalizadas de los mayores.  Cada uno cuenta su historia desde el lugar en que lo vive; cada uno cree que hizo lo mejor, lo que correspondía. Cada uno cree ser el bueno que padece las conductas del malo y la verdad es que hay una ausencia total de autocrítica porque si la hubiera podrían evitarse las razones de conductas repetitivas en materia de separaciones.

Los escritorios de los abogados están llenos de relatos de medias partes que descargan su rabia contra la otra media parte, muchas veces exagerando y muchas veces mintiendo. Repitiendo el relato estos protagonistas de la vida de ex parejas solo logran afianzar su visión convenciéndose (de tanto decirlo) que es así como lo cuentan.

Pero lo más cruel, malicioso y dañino, es cuando una parte se propone meterle en la cabecita de una criatura supuestas acciones de la contraparte buscando que germine un odio artificial pero tan vívido como el verdadero.

No faltan (claro) en esta etapa los otros personajes de la escena: tíos, abuelas, amigos y vecinas, todos dispuestos a agregar combustible en la búsqueda de un resultado supuestamente justificado. Como María, la madre de la pequeña Noni vive en Barcelona la justicia le otorgó el derecho de visitarla dos horas a la semana.

¿De qué tema cree usted que hablarán madre e hija en las dos horas a la semana que tienen como propósito equiparar el “tiempo de amor”?

¿De qué cree usted que hablarán padre e hija en el resto de los días de la semana, si es cierto que la pequeña gritaba para que lo la alejaran de su madre?

¿Le hará promesas la madre de Noni sobre un supuesto futuro ?

¿Estará sólo el padre o ya habrá buscado una figura femenina para alentar una visión de hogar?

¿Qué relatos hará la madre a sus amigas, a la prensa y a la justicia sobre el resultado de los esporádicos encuentros futuros con su hija? ¿Dirá que la vió feliz? ¿O que le pide por favor que la saque de allí?. Y entonces será que ha llegado el momento de que padre y madre vuelvan a cargas las balas de sus armas más letales. Porque una lengua afilada ha sido desde la prehistoria más dañina que cualquier otro instrumento.

Pronto Cemento

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